viernes, 27 de agosto de 2010

Her Morning Elegance

Se levantan apenas, se duchan, se visten, se peinan y tratan de quitarse la cara de sueño mientras toman un desayuno a medias. Medio apuradas, medio corriendo, medio a punto de llegar. Se suben al metro, escuchan música y ahí la cosa cambia un poco, mucho o nada. Se transforman, avanzan, retroceden, cambian radicalmente, se iluminan u oscurecen, descubren nuevos matices. De pronto se inspiran y buscan una válvula de escape, cualquiera. Justo ahí, en medio del mar de gente que no deja sacar un lápiz y papel. Se bajan del metro, caminan, entran y salen, se calientan con el sol de los días primaverales. Saludan, hablan, sociabilizan, y de pronto pueden hacer un mundo de una frase dicha al pasar. Ven fechas, sacan cuentas, leen de más y escriben notas al margen, con partes de si mismas o con cosas nada que ver. Se detienen un momento para escuchar a otros, para ver o anotar, y luego se reanudan, renovadas, clarificadas o con más nudos que antes. Se suben al metro de nuevo, se alimentan, caminan y miran, escuchan música otra vez y sacan cosas que les puedan servir.

Llegan a casa, giran llaves y abren puertas, si no se les quedaron adentro de casualidad. Dan vueltas, caminan, tocan un poco de guitarra para despejarse, se levantan, comen de nuevo, leen un poco más, y se lavan los dientes. Dan otro par de vueltas, conversan un rato y hacen los últimos arreglos para el día siguientes.

Casi se han ido con las actividades del día, pero cuando este termina, vuelven. Igual que antes, igual que siempre no más. Esas ideas que giran entre el pelo que se enreda en la almohada, esas dudas que quedan dando vueltas en la cama, sin dormir.

martes, 22 de diciembre de 2009

Reflexiones póstumas

Escrito el lunes en la madrugada (disculpas por el desfase temporal)
Ninguna muerte significa desesperanza.


Quedan 10 días para que se acabe el año, y de paso la década. Quedan 22 páginas libres en este cuaderno, que ya tiene casi dos años. Ahora ocupo una de ellas, mientras contribuyo a mi dolor de cabeza. He salido bastante estos días, estoy cansada y muero de sueño, pero me da lata dormir cuando me bajan las ganas de escribir algo. Antes de empezar siempre reviso las páginas anteriores, como si buscara dónde me quedé la última vez. Siempre, excepto ahora, porque también lo hago de vez en cuando, aunque no vaya a escribir nada, y creo que la última vez que miré no me gustó lo que leí.
Es rarísimo volver atrás cuando ha pasado tanta agua bajo el puente, aunque sea de esta forma. Como cuando se ven fotos de chica y te da risa, vergüenza o nostalgia. Creo que esta vez fue lo segundo; leer algunas líneas tan patéticas que dan vergüenza ajena (mal que mal, quien las escribió es, en cierto modo, otra persona). Repasar historias que de tanto revivirlas llegan a dar lata, mezclada con un ligero dolor de cabeza, e incluso un nudo en la garganta. Tanto así, que da gusto ver que la próxima página está en blanco. Hasta dan ganas de botar las hojas anteriores, pero como buen proyecto de historiadora, sé que el pasado sirve para algo, que resurge justo cuando debe (aunque no necesariamente cuando conviene) y que nunca hay que olvidar el camino recorrido para no perder el norte.
Y mientras veo las páginas previas, es inevitable recordar los meses anteriores. Una pasada rápida me basta para concluir que los últimos han sido raros. Lindos y tranquilos, pero raros. Quizás por esa misma tranquilidad, la falta de acción (No es que mi vida sea una película de Mel Gibson, pero en fin)... pero soy un animalito de costumbres, eso lo tengo más que claro, y la tranquilidad siempre se agradece, aunque a veces lleve a la monotonía. Anyway, siempre se puede hacer algo para darle un poco de interés a las cosas cuando no parecen moverse.
Y así como hay páginas en blanco, siempre hay días nuevos. Aunque sean todos iguales, tienen algo distinto por el simple hecho de que el sol salga otra vez. Lo mismo pasa con los años. El que cambie de 2009 a 2010 ya es algo digno de consideración. Opportunities waiting to happen, páginas en blanco listas para hacer algo con ellas, sin importar qué.
Aún quedan 10 días del 2009, pero ahora las páginas en blanco son 21. Probablemente me duren de aquí a mucho más que 10 días, pero por si las dudas ya compré otro cuaderno, luego de conocer milagrosamente a la simpatiquísima niña que los hace, meses después de haber buscado la tienda desde donde salió originalmente y de enterarme que hacía casi un año que ya no estaba más en el Drugstore de Providencia. Una lástima, recompensada con un encuentro fortuito.
La libreta espera pacientemente en su bolsa a que ésta se termine, hasta la última hoja, y quede guardada en el cajón. Sin duda se estrenará el próximo año (suena como si faltara mucho para eso), cuando haya muchos días nuevos y muchas hojas en blanco donde escribir.

domingo, 25 de octubre de 2009

No estoy

Porque no ando de humor para jueguitos, para indirectas, malas caras, palabras duras, tonos severos ni miradas deprimentes. No estoy para tomar la iniciativa de algo que no promete un buen fin. No tengo el ánimo para soportar tonterías melodramáticas de ninguna índole, ni mucho menos para pensar en dramones ajenos que no tienen nada que ver conmigo.
No tengo la disposición para que me tiren mala onda de buenas a primeras, para bancarme los prejuicios de otros hacia mi, ni andar soportando descalificaciones gratuitas. No tengo por qué tolerarlo. Claramente no estoy para eso, creo que nadie lo está.
Y si, a veces se necesita hacer ciertos sacrificios por un bien mayor. Pero no veo qué pueda tener de bueno algo de esto, ni mucho menos su magnitud.
Tampoco estoy para pensar en tonteras, o inmiscuirme en asuntos ajenos, por mucho que me llamen la atención. Los personajes que improvisan sus entradas no siempre quedan bien en la escena, y yo no quiero hacer el ridículo, o arruinar la obra, que estaba saliendo tan bien. Por ahora prefiero pulir mi papel, y luego ensayar mi entrada.
No estoy dispuesta a aguantar la vergüenza ajena. Sin duda mi aversión a ella le ganará a la curiosidad (y al morbo, hay que admitirlo) Ni para ver los efectos adversos de la adolescencia tardía, menos cuando se da de forma tan... impulsiva
No me presto para eso, porque sé que tengo cosas más importantes y urgentes que hacer. Si algo de eso hay, será mejor que vuelva más tarde. O ni eso. No se moleste en dejar su teléfono, porque yo no me tomaré la molestia de llamar.
Para todo lo demás, sea bienvenido. Al menos el resto es conversable.

viernes, 16 de octubre de 2009

Últimas palabras

Y bueno, llegamos al punto sin retorno, en que ambos dijimos basta. Cada uno con sus razones, da lo mismo quién tomó la iniciativa. Después de un par de abrazos y de despedirnos con la mano cada uno se fue por su lado.
¿Qué más se podía esperar, a esas alturas?
Hay veces en que la realidad te llega de golpe, o mejor dicho, te pega unas cuantas cachetadas hasta que te das cuenta de que te está hablando. Y no es que no la haya escuchado antes. La escuché, ciertamente, pero casi por cortesía. Otras veces sólo vi que me hablaba, pero tenía los audífonos puestos, y la música era tan pero tan buena que no me los quise sacar. Pero hubo un momento en que tuve que mirarla a los ojos, y ahí entendí muchas cosas. E hicieron que todo fuera más llevadero.
En gran medida es tema superado. Por ambas partes, de forma casi absoluta, me atrevería a decir. A fin de cuentas, sabíamos de antemano que iba a pasar. Tú, porque la decisión fue tuya, y ya la habías tomado hace un tiempo. Yo, porque aunque no haya dicho mucho durante ese lapso, tengo una intuición que nunca me falla. Tanto así, que a veces confío más en ella que en la certeza de muchos terceros. Pero pasó, y eso no impide cruzar un par de frases simpaticonas ¿No? Así como tampoco impide saludarse en vivo y en directo, sin riesgos ni malentendidos. Total, ya ha corrido mucha agua debajo de este puente, de ese puente que cruzamos tantas veces (y espero que la próxima vez, contigo o sin ti, tenga aguas más limpias). Me gustaría que pasara. Después de todo, no está mal echar de menos; es algo natural. Y tampoco está mal tener curiosidad de ver cómo van las cosas, en muchos aspectos. Mejor aún si ya no hay esperanzas de por medio, para alimentar o para tirar por la borda. Sin embargo, no estoy para andar insistiéndole a nadie, por nada. No estoy para preocuparme de más por cosas de ese tipo. Yo tampoco estoy para jueguitos, ni para quedarme pensando en el qué, el cómo y por sobre todo, el por qué. Tampoco es que me quite el sueño, pero no puedo evitar la curiosidad. Casi como un juego mental, en que quisiera que todas las piezas calzaran. Pero si no es así ¿Qué más da? Total, no hay prisas de ninguna clase, ni necesidades ni ataduras. Ya no más. ¿No es eso también una forma de libertad? Creo que ambos estamos de acuerdo en que si.
Mirando hacia atrás, después de todo lo que pasó, me contento con decir que no sirvo para guardar rencores, y si en cambio para quedarme con todo lo bueno. Ser capaz de guardarlo bien y seguir con ello. Para mí, ese es uno de los mejores aprendizajes.

jueves, 15 de octubre de 2009

Por todas esas cosas que no se van a decir.

Consta por el testimonio de los sentidos que mi actividad aquí no ha sido frecuente en el último tiempo. Y eso que han pasado tantas cosas, pero a estas alturas es mejor no dejar constancia de ello. Los cambios sirven cuando se ven en el día a día.
Pero aún así, por diversos motivos que me da lata enumerar, he decidido recuperar un mínimo espacio que por mucho tiempo destiné a mis alegrías, a mis penas y al desquite. Si, bien, como tres veces antes he dicho que esto va a revivir... claramente no ha sido así, porque a mitad del tipeo la idea se va, o se queda corta, o simplemente se cohíbe y le da miedito salir. Pero me aburrí de esas ideas a medias, aquellas que se quedan merodeando y que no dejan dormir, o que obligan a "leer" cinco veces el mismo párrafo de un texto fome (Cosa que, por desgracia, ocurre frecuentemente). Así como vienen se tienen que ir, o al menos pulular por otros lados.
Y si, termina siendo necesario. Últimamente tengo unas ganas horribles de sacar cosas en limpio, y generalmente la mejor forma de hacerlo es esta: escribiendo. El problema es que a veces no basta con plasmarlo en una libreta, por muy personal y linda que sea; por muy escondida que esté en mi cajón; por muy llena de recuerdos que esté. A veces simplemente no basta guardar secretamente en un papel aquellas cosas que se quedan en un rincón de la cabeza. Que el polvo se esconda debajo de la alfombra no significa que no esté ahí.
Pero a fin de cuentas da lo mismo. La expresión no es algo que necesite justificaciones. Por algo existe -aunque sea en teoría, u otras veces se malentienda- la libertad de expresión. Por algo blogspot no cobra por tener un dominio aquí. Por algo puedo (de capacidad) escribir como se me antoje, con todas las alegorías y mensajes ocultos que quiera.
Así que nada: se reabre el sitio. Pero hasta aquí llego por ahora, porque los dedos me están doliendo. Tocar guitarra -o al menos intentarlo- tiene sus consecuencias, y por mi pronóstico para mañana (léase, clase con Marín) lo mejor es pensar en la vida útil de mis extremidades.

P.S.: Se me había olvidado lo rosadi que había quedado esto.

viernes, 16 de enero de 2009

Segunda Elegía

Ya pasó.
Desde que se apagó la vela sabía lo que venía, o mejor dicho, lo que se iba.
Y a pesar del dolor y la nostalgia que me causará a futuro tu partida, tengo el consuelo de haber estado contigo, acompañándote, ayudándote aunque fuera en lo más mínimo, lujo que para mi pesar no tuve la primera vez, y la enorme tranquilidad de que no me tomó por sorpresa la noticia, sino todo lo contrario.
No era difícil adivinar lo que vendría encima luego de tanto tiempo, tantos remedios, tantas noches pesadas, después de verte acurrucado como un niño a un lado de la cama, sin querer nada, sólo dormir. Te dije "tranquilo, ya va a pasar", aunque quizás no reconocieras mi voz, y rogaba por eso siempre que podía. Que fuera rápido y sin dolor.
Y sé que esto no es realmente una elegía, pero sería demasiado recordar todas tus anécdotas, partiendo por tu férrea voluntad de quitarme la maña que siempre he tenido con las frutas, la historia que me contaste sobre la boa que te comiste en el Amazonas (la que, a pesar de mi corta edad, no creí nunca) o las innumerables bromas que le hiciste a mis primos, tus nietos, mayores. Esas cosas no se escriben en blogs, no se relatan en poemas. Se cuentan en almuerzos o reuniones familiares, rodeados de los primos que se ven solo en las vacaciones, antes de un brindis "por los presentes... y por los que no están, también"
Mi adiós lo dije hace mucho, pero siempre se puede ocupar el cliché del "hasta pronto"...

jueves, 17 de abril de 2008

Año D

Aquí no hay margen de error posible: todo debe salir a la perfección. No se permiten atrasos, otros proyectos, otras entregas, cambios de fechas, ¡menos aún salidas al baño!
Aquí ya no cuentan las ideas nuevas, los matices, las técnicas innovadoras, los libros que te tincan, las películas que aún no puedes, pero te mueres de ganas de ver. No caben aquí las nostalgias, los atrasos, quedarse pegado mirando las nubes o las hojas que comienzan a caer, amarillas y secas, invitándote a jugar un rato, a pisarlas y oírlas crujir como hace más de 10 años, quizás.
No hay tregua para la poesía, para el patio, las caminatas eternas, para ocupar un cuaderno con ideas vagas y proyectos, no hay tiempo tampoco para realizar nada de lo que se ha propuesto para este año, nuestro año, el 2008 que no es más que una estación de paso, del metro, donde buscas algo de prisa en tu mochila antes de entrar al vagón.
Olvídese de lo recreativo, lo lúdico y lo placentero. Aquí sólo caben sus libros, sus cuadernos y unos lápices que apenas le dejan espacio a usted. Salude mejor a los agentes estresores, al dolor de espalda, de estómago, de cuello, de muñeca y de cuanta cosa pueda quedar adolorida en su cuerpo. Despídase de forma aún más cordial de su tiempo libre, puede que no lo vea por una temporada larga. Restrinja un poco esas escapadas al centro, paseando hacia quién sabe qué calle, y donde lo único importante es no soltar esa mano que a veces se necesita con urgencia, además de parar de cuando en cuando, especialmente en las luces rojas, para no morir despedazados por los santiaguinos desenfrenados.
Probablemente lo malo de este año sea una mosquita apestosa y eliminable comparado con lo que pasará durante nuestras vidas, pero es inevitable agobiarse cuando el tiempo va en contra, y cuando un movimiento en falso puede ser fatal para la integridad anímica del momento.

Parece que no hay margen de error posible, y yo aquí, necesitando con urgencia un lapso de tiempo para detenerme, respirar e improvisar un poco.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Al final de este viaje

Han pasado muchas cosas (importantes) este año.
No quiero hacer recuentos, porque ya he anotado lo justo y necesario a lo largo del mismo.
366 oportunidades, y más incluso. ¿Dije que no me importaba lo del "año nuevo"? Lo siento,. no puedo evitar buscarle el lado simbólico a las cosas.
Asegúrese de aprender de sus errores. Aprovéchelos, en vez de lamentarlos. Y asegúrese también de disfrutar y asumir sus logros. De todo se puede aprender algo.
Y tome del pasado sólo aquello que es grato y útil.
Mis mejores deseos, estimado/a. Buena estrella para usted.
Gracias a todos con los que me ha tocado coincidir.
Antes de decir adiós, algo pequeño (quizás demasiado ad hoc) para la ocasión.
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Se miraron por última vez en la bifurcación del camino. Él, listo a dar el próximo paso; Ella, dándole un último beso antes de partir. Dispuestos a encontrarse de nuevo, a caminar juntos por la misma vereda; dispuestos quizás a separarse otra vez. Como si todo hubiera sido un encuentro casual, o premeditado, daba igual.
Sin rencores o arrepentimientos, se dijeron adiós con una sonrisa, se desearon felicidad con los ojos; mientras se abrazaban, su buena estrella hacía mitosis: una mitad para cada dirección.
Sus caminos eran muy distintos, tan distintos como lo eran antes de que ambos se encontraran.
Ahora se alejaban de nuevo, quizás no demasiado, pero lo suficiente como para que no caminaran por la misma senda.
Se sonrieron de nuevo, un “buena suerte” y soltaron las manos del otro, dieron media vuelta y antes de que ella mirara atrás, él ya había emprendido el camino.
Sus ojos no volvieron a encontrarse en ese lugar.
No quedó más que emprender la retirada.

martes, 25 de diciembre de 2007

A la espera

Para estrenar los nuevos colores de este lugarcillo, algo Ab imo pectore, sin fines de lucro, como la gran conclusión del bloqueo mental y emocional de rigor.
No es la gran cosa del día, pero peor es que nos quedemos en el pasado.

Ah!, y Felices fiestas, mis estimadas y estimados. (así, bien ecuménico)

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Llego a un lugar bienamado
-quizás, ocasionalmente rehuido-
Lleno de melancolía.
A la espera de un encuentro que espero me libere de algunos pesares;
Que me quite un par de dudas de encima.
Llego aquí, sin expectativas,
Sin sueños rotos, sin esperanzas por romper;
Sin regalos, sin súplicas.
Sin injurias y penurias; sin culpa ni culpables.
Sin juez, sin testigos; sin víctimas o victimarios.
Apenas con algunas sonrisas y otras cosas para dar.
Sin flash-forwards, con flash-backs ocasionales.
Con palabras; con disposición a escuchar,
A hablar, a quererte, quizás, un poco más que antes.
Con miradas sinceras y ojos diáfanos.
Con recuerdos a flor de piel.
Con risas; con silencios;
Con sinceridad; con templanza;
Con mis complejidades y defectos;
Con mis virtudes y afectos.
Con mi memoria y sus recuentos.
Con mis melodías favoritas y las frases de rigor.
Con lo tuyo y lo mío;
Con lo que quedó y fue nuestro.
Y a fin de cuentas, llego aquí con nada para perder.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Auto-retrato

Para que la pequeña Angelita deje de alegarme,
Y para que el fantasma de la actualización me deje de penar.
(Escrito originalmente para una tarea de filosofía, que por lo demás nunca entregué)
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Diré, para empezar, que no me gusta el sol, excepto cuando hace frío y en otras contadas ocasiones, y que es por esto mismo que mi piel sigue casi tan blanca como cuando nací. Tampoco mi rostro ha cambiado mucho, pues mis rasgos no se han endurecido con el tiempo. Diré también que tengo altura y peso suficientes, que mis orejas nunca se han perforado (y que, de todas maneras, se quedarán así) que de la nariz hacia abajo me parezco a mi padre, y que de los ojos hacia arriba, a mi madre.
Por otra parte, e indagando en lo que realmente me interesa, diré que me considero una persona amable, amante de las letras y la música, conocida de al menos tres de las nueve hijas de Zeus, amiga a ratos de Morfeo y admiradora de Artemisa y de María Luisa Bombal. Dulce en el trato con varias personas, tozuda la mayoría del tiempo, a veces muy ególatra y otras tantas muy autocrítica y perfeccionista.
No considero por cierto a los otros como incompetentes, pero prefiero hacer las cosas por mi cuenta. No soporto a los ignorantes por opción propia, tampoco a los inconstantes y menos a los insistentes.
No tengo una gran cantidad de amigos, pero los que tengo son sin duda insuperables. Mi vida social no es de lo más agitada, pero ¿para qué tener más, si no es necesario?
Ante esto, he de decir que soy muy reservada, cosa que me ha cobrado la cuenta ya varias veces, pero que sigue siendo una constante en mi persona.
Considero la confianza como una de las cosas más valiosas que existe, por lo mismo no soy capaz de traición, aunque quizás si de venganza.
Diré, para finalizar, que me considero una optimista bien informada, pues conozco algunas de las paradojas de la vida y sé que no todo es tan maravilloso como se pinta, pero sé a ciencia cierta que no hay mal que un bien no traiga consigo, y que siempre se le puede ver el lado coca cola a la vida.

viernes, 9 de marzo de 2007

Palabras Previas

Pasado, inocencia, credibilidad, frío cálculo, encuentro, alegría, angustia, dolor, llanto, insomnio, risas, letras viejas, colores difusos, notas disonantes, asonantes, sonantes en extremo, miradas tardías, palabras sueltas, mensajes perdidos, llamadas atemporales.
Presente, dos palabras con sentido, alegría otra vez, tranquilidad superficial, nerviosismo permanente, ansiedad controlada, espacio-tiempo, noches sin dormir con las notas siguiéndose, unas tras otras, hasta llegar a alfa, trabajo, rutina, viaje de ida y vuelta, metro, entrada en pánico, calma otra vez, relatividad, claro-oscuro, inconstancia discontinua, expectativas altas, bajas o medias, depende del caso, parca en palabras, Providencia, Divina Providencia y buena estrella, lentitud en olvidos, The Beatles en la radio, tecleo, conversaciones, celulares y fotos.
Futuro, insomnio de nuevo, ciclos que se repiten, libros agotados y roídos, luces nuevas y lunas rotas, asesino de sueños, creadora de idioteces, razón, sentimiento, ciclos de nuevo, viento cálido, noches frías, días nublados, soles intermitentes, destinos que se entrecruzan y se abandonan, cortar-pegar, nada es predecible y, al final, todo fue, es y será un matiz…

lunes, 5 de marzo de 2007

Rodeando está el Mar...

No me esperaba un día con tanto sol por estos lados.
Llegamos a la costa y nos embarcamos en el “Bertina”, fue casi media hora de viaje cruzando el canal de Chacao, para luego arribar a la Irlanda de América, como dijo un amigo inglés de mi mamá; la Isla Grande de Chiloé.
Pasamos las noches en una cabaña (que estuvo dentro de mi catastro) que sorpresivamente tenía una vistilla al mar, en Ancud, ciudad al norte de la Isla, con más costa que encanto, pero tranquila y agradable.
El primer día no hicimos mucho más que recorrer la ciudad y almorzar a una hora inmoral. El segundo día partimos a Castro, al sur de la isla, Capital de Chiloé. Una ciudad preciosa, a pesar de que el clima no fue del todo nuestro aliado aquella vez.

“Pintoresca” sería la palabra adecuada para describirla, especialmente por los Palafitos y la Iglesia frente a la plaza, Patrimonio de la Humanidad y construida enteramente de madera.
Después partimos a Dalcahue, un pueblito pequeño cercano a la Capital, y luego de eso no vimos mucho más, primero porque no había mucho más que ver, y segundo porque comenzó a llover a cántaros. Decidimos volver, y mientras algunos dormían, yo me deleitaba en el asiento de adelante, gastándole las pilas a la cámara y observando las verdes colinas, símiles de la campiña inglesa.
El tercer día fuimos a Puñihuil, a las pingüineras, pero muchos pingüinos no vimos, ya que por falta de tiempo no pudimos cruzar a los islotes en donde se encontraban.

Estábamos en una playa enorme, y en un costado de la misma, una bandada de gaviotas se pavoneaba por la orilla, mientras un riachuelo rodeaba los roqueríos y enfrentaba su corriente a la del mar.
Luego de nuestro intento frustrado por ver a los animalitos felices de Happy Feet, y de obtener algunos aciertos fotográficos, decidimos visitar el fuerte San Miguel de Ahuí, en la Península de Lacuy. Una fortificación española construida en 1779 en la cima de un precipicio, a mi humilde parecer, al cuál se accedía luego de varios kilómetros de camino de ripio y un sendero, el que se recorría a pie, a veces abierto y otras, techado por las copas de los árboles.
El trayecto no era difícil, menos aún el imaginarse a los españoles recorriéndolo fusil en mano. A no ser que no se tuviera en mente el uniforme de los soldados, como era mí caso.
Ya en el fuerte, quedaba recorrerlo de punta a punta. Lo mejor era hacerlo sobre la “trinchera” frente al lugar donde estaban situados los cañones, directamente en su línea de fuego, para tener la mejor vista.
Luego de eso, entré al polvorín; una escalera estrecha y con grandes escalones, con paredes húmedas y sin ningún tipo de iluminación para auxiliar al turista desamparado, cosa que se agradecía.
Primero porque habría sido un crimen colocar electricidad en un sitio de casi tres siglos de antigüedad, y segundo porque, cuando estaba presta a retirarme, pisé algo, probablemente redondo y duro. Pudo haber sido un ratón muerto, una piedra, un profiláctico relleno con Dios sabe qué cosa o algo de materia orgánica de otra índole… créanme que no quise ni quiero saberlo.
Luego de eso, volvimos a Ancud.
En nuestro cuarto y último día, fuimos a Castro nuevamente. No recuerdo bien para qué, si estaba igual de nublado que la otra vez; creo que fue para comprar algunas cosas. Pero la verdad no hubo nada interesante ese día, si no, lo recordaría.
En fin, que ya habían pasado cinco noches fuera de mi casa cuando emprendimos el viaje de vuelta a Chile continental. Un día soleado, casi igual a los anteriores, como no pensé que vería en esas latitudes. Pero bueno, era verano, alguna gracia tenía que tener.
Camino a Chacao, se veía el mar. El mismo que sería mi único paisaje durante al menos media hora, nuevamente: Allá, más allá de donde mis ojos alcanzaban a ver, el Pacífico en gloria y esplendor. Infinito, hasta que otra isla se interpusiera entre el sol y la orilla del fin del mundo.

viernes, 15 de diciembre de 2006

Algo que se me quedó en el tintero...

Ahora que sé cómo subir los videitos de youtube al blog (eah eah eah!) puedo colocar este, que me habría gustado subir en el otro post, pero bueh, dificultades técnicas...

Y bueno, muchísimo éxito para los y las valientes que van a enfrentarse a esa cosa fea los días D.
Tengo esperanzas de que al menos tres de los implicados que conozco van a sacar puntajes nacionales, asi que... no me defrauden. (en serio, no se los recomiendo xD)
Besos, os quiero.

Ya, ahora sí, hasta que mi pc vuelva!

jueves, 19 de octubre de 2006

Alegoría de las Fuerzas Humanas


Miro a mí alrededor y observo parajes nunca imaginados.
Un prado iluminado de estrellas, inspirador de tranquilidad. Inhóspito, inalcanzable, inexplorado…


Y completamente deshabitado.

Hay paz… No puedo sentir nada; simplemente existo. Pienso, y luego existo. Como un ser individual cualquiera que ha perdido el contacto con los demás. No hay nadie cerca de mí, es el sitio ideal para pensar.
Nadie a quien escuchar, a quien soportar, con quien hablar… Nadie a quien sentir.


No hay vida más allá de las plantas, ni el agua que fluye cercana a los árboles trae siquiera un murmullo de vitalidad. Por primera vez escucho sólo mi respiración.

No lo tolero, intento alejarme de este silencio insoportable, de este ambiente que se puede cortar, antes de que sea él quien me corte a mí.

En un solo parpadeo, cambio de escena.

Miro a mí alrededor y veo una aglomeración de gente. Todos están separados entre si. Unos más cerca de otros, pero son tantos que llegan a asfixiar.
Todos se mueven dentro de su propio espacio. Algunos llegan a tocarse, se miran y sonríen. Otros se miran con odio, o con reproche.
Y cada cual irradia una luz distinta, una energía diferente al resto. Todos sienten algo distinto, que los otros alcanzan a captar, pero no lo pueden tomar como propio.


Puedo caminar entre ellos, pero me percato de que soy la única que puede hacerlo. Ninguno puede hablar, pero todos me transmiten algo distinto. Me veo envuelta en un torbellino de sensaciones, cuando dejo una, otra nueva llega a apoderarse de mí. Y así a cada paso que doy.

No piensan, no dejan de sentir…

Y no me dejan pensar, nadie hace otra cosa que moverse y difundir energía. No lo soporto, necesito un respiro, necesito salir de aquí.





Miro a mí alrededor y solo veo un yermo páramo.
Y es todo tan monótono en este lugar, que las horas parecieran caer pesadamente sobre mis hombros desnudos.

Quiero irme de aquí, pero no hay ninguna puerta de salida, y ni siquiera me di cuenta de cuándo entré.
Y aunque llore, grite, patee o pida, la salida no aparece.

Es quizás porque no hay salida.

Un cansancio insondable se apodera de mí: No puedo sentir ni pensar nada.
Mi voz se calla, ya no quiero dar explicaciones.
Mis ojos se van cerrando, caen las últimas lágrimas.
Mi cuerpo se calma, no quiero correr más.
Por fin duermo, descanso, se apacigua mi alma.

No llamen, porque no responderé.

Abro los ojos y miro a mi alrededor.
Por un segundo Sentí a alguien a mi lado, pero no hay nadie. Nadie que me acompañe, ninguna respiración junto a mi lecho.
No hay nadie aquí, pero Pienso que sí hay gente afuera. No sé si están conmigo, pero al fin y al cabo están ahí.

Me pongo de lado, y veo la tenue luz que ilumina de a poco el azul de mi pieza
Pienso que le doy mucha importancia a lo que Siento. Sigo cansada. Miro el reloj y noto con sorpresa que son sólo las 5:00 am.

Ahora sólo quiero dormir.

miércoles, 2 de agosto de 2006

A Un Gentil Hombre con Sangre Gala

Siento que no debería estar aquí ahora. No solo porque tenga cosas más urgentes que hacer, ni porque una orden perentoria esté sobre mi cabeza. De hecho, ni siquiera lo siento; lo sé.
Debería estar lejos de aquí, caminando un largo trayecto, con unas cuantas flores retenidas en mi mano, sin intención de despertar a los que ya duermen (nadie debería tenerla, y menos llevarla a cabo) Caminar por un largo pasillo, flanqueado por piedras que guardan mil y un afectos y rencores; mil y un perdones y recuerdos; mil y un memorias y olvidos, hasta llegar a mi destino y al tuyo, a aquella piedra que porta orgullosa tu nombre y recuerdo.

Francisco Rippes Pérez
¡Un solo nombre puede traer tantos recuerdos! tan alegres como dolorosos... pero creo que es el tuyo el que sólo me trae los alegres, a excepción de uno: de aquel día fatídico, hace exactamente un año.
Creo que fue después de esa semana en que mis lágrimas se secaron casi completamente, y fue sólo hasta hace poco menos de un mes que volvieron a aflorar, aunque las razones fueran absolutamnete distintas.

Una vez leí las siguientes palabras:

"Sé que cuando yo desaparezca, los demás olvidarán lo que hice, olvidarán lo que dije, pero quizá nunca olviden cómo los hice sentir"
Bueno, estoy segura de que al menos no olvidaré dos de aquellas cosas, pero deberé ejercitarme para retener en mi memoria tus gestos, tu voz y tu rostro, porque no es algo que me gustaría perder. Y, de todas formas¿ cómo podría olvidarme de tus anécdotas, y de la historia de tus ancestros? si me la contaste las veces suficientes como para recordarla con claridad... pero no viene al caso escribirla aquí.
¿Cómo podría olvidarme, también, de la vez en que me revelaste el origen histórico de mi nombre? ¡Qué me importaba que la tropa de incompetentes de mi colegio no supiera pronunciarlo, si Marianne era la mujer símbolo de la Revolución Francesa! Eso lo recuerdo perfectamente, cuando me lo dijiste en tu estudio (aquel estudio que siempre visito), justo donde tienes el cuadro del Arco de Triunfo y el retrato de la Berta. Es un lindo recuerdo, y vaya que lo recuerdo, si más de una persona puede dar fe de ello.

Tagore dice "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" Bien pues, ya no lloro, sólo lágrimas ocasionales, pero ya no lloro. No quiero pensar en lo que no es, si no en lo que fue. Ya no guardo en la memoria cosas perdidas, si no cosas pasadas, pero que aún existen. No me considero una persona fuerte ni insensible, me considero una persona feliz, asi como tú lo fuiste en tu tiempo. Feliz y agradecida de la vida; ese fue tu mayor legado, para mí al menos. y eso es algo que no voy a perder nunca.

Je t'aime, grand-papa

miércoles, 19 de julio de 2006

Cable a Tierra

Si estás entre volver y no volver.
Si ya metiste demasiado en tu nariz.
Si estás como cegado de poder,
tira tu cable a tierra.
Y si tu corazón ya no da más,
si ya no existe conexión con los demás,
si estás igual que un barco en altamar,
tira tu cable a tierra.
Y yo estoy acercándome hasta vos
bajo la luna, bajo la luna.
Las cosas son asi,
tengo el teléfono del freak
que está deseoso de volarte la cabeza.
En un par de minutos sale el sol.
Si ya no hay nada que anestesie tu dolor
si no llegas, si no alcanzas a verme
tira tu cable a tierra.
No creas que perdió sentido todo,
no dificultes la llegada del amor;
no hables de más, escucha al corazón
ese es el cable a tierra.
Y yo estoy acercandome hasta vos
bajo la luna, bajo la luna.
Las cosas son asi,
tengo el teléfono del freak
que está deseoso de volarte la cabeza.
Si estás entre volver y no volver.
Si ya metiste demasiado en tu nariz.
Si estás como cegado de poder
tira tu cable a tierra...
Esa es una de las canciones de Fito que más me identifica, y más aún en este momento, cuando lo que más necesito es un cable a tierra, algo que me haga ver las cosas objetivamente, algo que me permita actuar también por la Razón.
"No hables de más, escucha al corazón. ese es el cable a tierra"
ya he intentado con ese, pero no me ha mucho resultados o, más bien, no me ha dado los resultados que quiero. El que necesito tiene que traerme a la tierra, no lo contrario, y para eso están las letras. Aunque no me salga muy bien, o no tan bien como me gustaría, escribir es una de las pocas cosas que me dejan de nuevo en mi órbita. Ese es mi cable a tierra, o al menos lo será por el momento, hasta que aparezca otro en mi camino.
No pediré que dejen un comentario, si al fin y al cabo, solamente sentí la necesidad de trascribir esta canción de Fito.
ps: si pueden, escúchenla